Un futuro desigual como propuesta para salir de la crisis
Economistas sin
Fronteras (Seguir a @EconomiaJusta) Francisco Cervera Fonfria (@Paco_Cervera)
Uno
de los problemas que se le supone al sistema económico capitalista es el que
tiene que ver con la desigualdad que genera. Personas, o regiones, que tienen
mucho y otras, que no disponen de lo básico para sobrevivir. El Estado del
Bienestar fue la solución para ciertos errores del mercado, entre ellos el
planteado. La prestación de servicios sociales básicos como la sanidad y
educación, así como la transmisión de recursos desde las clases más pudientes a
las menos, eran unas funciones que el Estado asumía además de las típicas de
seguridad nacional y legislativa. Tras años, décadas, en las que Europa fue el
paradigma de este tipo de intervención estatal en la economía, parece que se ha
decidido, no se sabe ciertamente desde dónde, que debe desaparecer.
La
desigualdad es una situación socioeconómica que aparece en un entorno
competitivo y se traduce en una ineficiencia en la toma de decisiones: ante la
existencia de desigualdad social no se elige la mejor opción entre todas las
posibles, sino aquella que se da entre determinada clase social, raza, sexo,
ideología política, y/o cualquier otra forma de discriminar. La consecuencia
más inmediata es una falta de igualdad de oportunidades en la sociedad.
Algunos
estudios sugieren que aquellas regiones con una mayor desigualdad en su seno
tienen una menor esperanza de vida, con mayores tasas de enfermedades mentales,
de alcoholismo y de drogadicción. Los homicidios son mayores y por tanto,
existe también una mayor tasa de encarcelamientos. Los defensores del
liberalismo económico argumenta que la desigualdad es motivadora. Pero, ¿hasta
qué grado de desigualdad? ¿Cuál es el nivel que una sociedad está dispuesta a
mantener? No es fácil gestionar a una sociedad donde la convivencia no está
garantizada, con lo que supondría para la democracia.
España
es un estado desigual comparado con otros países de nuestro entorno. Esta
afirmación se sustenta con datos. Por ejemplo, el índice de Gini mide la
concentración de los ingresos en una sociedad. Partiendo de la base que 0 es la
máxima igualdad y 100 supone que una persona atesora todos los ingresos (máxima
desigualdad), en términos de este indicador, el valor para nuestro país es de
34, superior a la media de 27 países de la UE que es de 30,7; o al de Francia,
30,8; Alemania, 29; o Finlandia, de 25,8 (datos referidos al 2011. Eurostat).
También
nos puede dar una idea de la polarización social observar qué porcentaje de la
población se encuentra en riesgo de exclusión social. Si la media de los países
de la UE es de 24,2%, en España es del 27%. El dato adquiere mayor relevancia
si lo comparamos con países como Francia, 19,3%; Alemania, 19,9%; Finlandia,
17,9% (datos para el 2011, Eurostat).
Estos
datos no son fruto de la casualidad, sino más bien de la escasa implantación
del Estado de Bienestar. Fijémonos en la contradicción en la que nos
encontramos: nos están machacando con el mensaje de que nuestro Estado de
Bienestar es inasumible por su elevado coste y ,en cambio, los datos nos dicen
que la proporción de dinero dedicada para funciones relacionadas con el
Bienestar en España es menor que la de países de nuestro entorno.
Tabla 1. Elaboración Propia. Datos 2011
de Eurostat.
(Gasto público
por función/PIB )*100
|
EDUCACIÓN
|
SANIDAD
|
PROTECCIÓN
SOCIAL
|
DESEMPLEO
|
UE-27
|
5,3
|
7,3
|
19,6
|
n.a
|
ESPAÑA
|
4,8
|
6,5
|
16,4
|
3,3 (2010)
|
FRANCIA
|
6
|
8,2
|
23,9
|
1,9
|
ALEMANIA
|
4,2
|
7,0
|
21,2
|
2,4
|
FINLANDIA
|
6,4
|
7,9
|
24,0
|
2,1
|
Ante
esta situación desde el Gobierno, cumpliendo el mandato de la Comisión, BCE y
FMI, se han tomado medidas que conducirán a un incremento en la desigualdad
para los próximos años. Aumentará la desigualdad relacionada con la obtención
de ingresos ya que aquellos que obtienen la mayor parte de su renta mediante un
salario lo verán mermado, al igual que les sucederá a pensionistas y
funcionarios. La desigualdad de riqueza, relacionada con aquellos activos que
se poseen, provocará que aquellas familias con menos recursos no tengan opción
a una vivienda, activo principal de las familias antes de la burbuja
inmobiliaria.
Se
nos pretende hacer creer que lo que se hace es necesario, que el sufrimiento
actual nos permitirá un futuro mejor cuando la economía crezca. Pero no debemos
olvidar que el crecimiento económico puede acrecentar la polarización social si
no disponemos de mecanismos redistributivos fuertes y eficaces, junto con unos
servicios públicos de calidad que fomenten la igualdad de oportunidades.
Tampoco queda claro el por qué nos tenemos que esperar a crecer para
redistribuir, y no redistribuimos para
crecer. Se ha demostrado que quien más tiene destina menos proporción de su
renta al consumo que quien menos tiene. Una mejor distribución de la renta en
una sociedad podría hacer crecer el consumo y, por consiguiente, la economía.
Ante
este escenario, un cambio radical en las políticas se hace más necesario y
urgente que nunca. Se necesita más y
mejor Democracia. La gente debe ser exigente con aquellos que nos
gobiernan, pero desde el compromiso personal. Tenemos experiencia en dejar que
nos gobiernen y no nos ha ido nada bien, recuperemos nuestro espacio. Hay que
echar a la corrupción del poder, pues impide que se legisle y gobierne para la
mayoría. Con un Estado libre de corrupción es más factible una reforma fiscal
progresista y progresiva, lo que permitiría mayores ingresos públicos para
destinar a políticas cuya finalidad sea una sociedad más igualitaria.
Si
pensamos que la élite ejerce su poder en el sistema a través de las grandes
empresas, se necesita urgentemente un mayor
grado de implantación de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Pero
no nos confundamos de RSE. La que necesitamos es la que tiene que ver con la
justicia social y no con la caridad. Las
empresas no pueden ser ajenas al entorno en el que se implantan.
Los
mensajes optimistas que, desde el Gobierno y cierta prensa, se lanzan sobre la
proximidad de recuperación de la economía, esconden realmente un futuro muy
incierto. Nos encontraremos con un país en el que podrá bajar la tasa de paro
pero a costa de unas condiciones laborales, mucho peores a las anteriores, con
salarios más bajos, contratos temporales y minijobs.
Un país en el que se reducirán las cotizaciones a la Seguridad Social, por lo
que esperemos no hacernos demasiado viejos ya que tendremos pensiones que no
nos permitirán vivir. Un país donde habrá una bajada de impuestos, pero en el
que a cambio tendremos que pagar servicios que antes eran públicos como la
sanidad y la educación. Si al menos lo hubiésemos podido votar...
Este artículo refleja exclusivamente la
opinión de su autor.
Nota: Publicado en eldiario.es el 1-Oct-2013 (aquí)
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