miércoles, 22 de febrero de 2012

REFORMA EMPRESARIAL.



Venimos de la anterior entrada, en la que se pretendía hacer un resumen de la evolución en el tiempo de las diferentes acepciones que ha tenido la palabra empresario. Al final del mismo lanzábamos unas cuestiones, que de manera crítica voy a intentar responder. No me gustaría que nadie entienda lo siguiente como un ataque al sector empresarial, ni pretendo echarle la culpa de nada. Simplemente, la intención es señalar que no debe recaer sobre la gente trabajadora todas las reformas, quizás sería interesante enfocar las reformas en el fomento de ciertos aspectos del empresario.
Según los clásicos, el empresario era el hombre que coordinaba los factores productivos. Sin entrar en propietario o gestor, sí que parece que un buen empresario es capaz de coordinar los diferentes factores, capital (K) y trabajo (L). A mi entender, un buen empresario debe de ser capaz de planificar su negocio con suficiente antelación y perspectiva para que no le falten factores, pero que tampoco le sobren. Haciendo una reflexión, seguramente exagerada, aunque válida, diríamos que es un mal empresario (según clásicos) si se tuviera que deshacer de máquinas por una mala previsión. ¿Por qué no pensamos igual cuando le sobra mano de obra? Abaratando el despido les estamos diciendo que se equivoquen lo que quieran en mano de obra, pero no en capital. En mi opinión, mensaje erróneo.
Según Knight, el empresario era el que asumía un riesgo por pagar unas rentas a sus factores, sin tener la seguridad de lo que va a ingresar por la venta incierta de sus productos. Por este riesgo asumido es el que justificaría sus beneficios. Por tanto, hablamos otra vez, de un buen previsor que no debe equivocarse en sus previsiones. Vuelve a ser injusto que los trabajadores asuman el riesgo del negocio del empresario, o al menos que no se les compense por ello.
Para el austriaco, Schumpeter, el verdadero empresario era el que innovaba. España no necesita esa cantidad de empresarios que se crean su empresa para ir en Mercedes. Lo que se necesitan son empresarios preparados, capaces de despuntar en sus diferentes especialidades. También pueden invertir en I+D-i, aprovechando la sobrada cualificación de nuestros estudiantes.
El ejemplo de Galbraith y la tecnoestructura no es el más usual en nuestra economía, serviría para grandes empresas, que tenemos, pero no son las más representativas.
Según Kizner, un buen empresario es aquel que se avanza a las nuevas tendencias del mercado y es el primero en ver las oportunidades. Sería por tanto un mal empresario el que no está vigilante a lo que el mercado necesita y hace lo que siempre ha hecho y no se adapta a las nuevas circunstancias.
Si nos fijamos en lo que serían unos malos empresarios, se podrían explicar la cantidad ingente de despidos de trabajadores, y cierres de empresas.
En resumen, podemos decir que en España se necesitan empresarios buenos gestores y planificadores, que arriesguen, que si son innovadores y están atentos al mercado recibirán como premio unos beneficios extraordinarios. Si se tienen que destinar recursos públicos debería ser a este tipo de emprendedores. No son buenas variables para repartirlos las que no priorizan las buenas características que hemos enumerado.
Con todo, resaltaría la alta cualificación de nuestro mercado laboral, sobran las noticias de la sobrecualificación que se da en determinados puestos, o incluso, como los trabajadores maquillan su curriculum vitae a la baja para poder trabajar. Si se disponen de capital y fuerza laboral de calidad, ¿por qué el resultado no es un país puntero en industria? Puede ser que ese cuarto factor productivo no tenga la suficiente calidad.
Si nosotros no podemos competir en costes con países como China, India, Este de Europa, la solución no será abaratar costes laborales, más bien sería fomentar aquello en lo que podemos ser más buenos.
Para concluir, no me gustaría que se quedara la sensación de una crítica a los empresarios y ya está. Si han desaparecido muchas empresas, y utilizando un razonamiento de mercado, será porque no han aportado nada diferente al mismo. Para solucionarlo, en vez de fomentar la innovación, se ha aprobado una Reforma Laboral que abarata el despido de trabajadores. Permítanme que diga, que no entiendo nada. Que en vez de una reforma laboral lo que se necesita es una REFORMA EMPRESARIAL.

sábado, 18 de febrero de 2012

EL CONCEPTO DE EMPRESARIO EN EL TIEMPO.


El nuevo Presidente del Gobierno español prometió ayudas a “emprendedores”. Es sobre este concepto último, el de emprendedor, el que me gustaría reflexionar.  Varios serán los enfoques, así como varias las críticas. Volveré a dividir en dos la entrada para que resulte más amena su lectura. 
En la primera, haremos un repaso a los diferentes enfoques que los economistas han dado a lo que entendemos por “empresario”, como sinónimo de “emprendedor”. En la segunda entrega, intentaré hacer una exposición crítica y razonada sobre aquello que son y deberían ser, en mi modesta opinión, los emprendedores beneficiarios de las subvenciones y apoyo incondicional del Gobierno.
Empezamos haciendo un repaso a los diferentes enfoques que ha recibido el concepto de empresario.
1. El empresario en los clásicos.
Para los clásicos (Smith, Ricardo, Mill), era el propietario de la empresa, la persona que asumía el riesgo del negocio al aportar una determinada cantidad de capital. Hasta mediados del XIX, no se empezó diferenciar entre capitalista y empresario.
Para Alfred Marshall, el empresario era aquel que coordinaba los factores de producción. Pasaba a tener esa condición de cuarto factor de producción.
2. El empresario riesgo de Knight.
Para este autor, era el riesgo lo que define al verdadero empresario, pues está avanzando unas rentas ciertas a los factores de producción a cambio de un precio o demanda inciertos.
Sería la incertidumbre la que justificaría los beneficios.
3. El empresario innovador de Schumpeter.
Para este autor, el verdadero empresario era aquel que aplicaba una innovación al producto o a su manera de producirlo. Ésta le otorgaba un periodo de cierto monopolio. En el qué podía cobrar un precio alto y obtener beneficios extraordinarios. A medida que entraban empresarios imitadores, los beneficios extraordinarios  iban menguando hasta desaparecer.
Para Schumpeter, era la capacidad de innovar la que merecía ser recompensada con los beneficios extraordinarios.
4.  La tecnoestructura de Galbraith.
Explica un concepto de empresario formado y especialista en su función de gestión, que forma parte de un comité o grupo que es el que dirige las grandes empresas y con incentivos a actuar según sus intereses más que el de los propietarios. Galbraith delimita este tipo de empresarios a las grandes empresas de sociedades industriales, con tanto poder que no se rigen por las fuerzas del mercado.
5. El empresario descubridor de oportunidades de Kizner.
Para este autor el empresario es una persona que está siempre alerta ante nuevas oportunidades de mercado. Una característica que le hace bueno es la anticipación ante nuevas tendencias.
6. El empresario actual.
En la actualidad, y dependiendo del tamaño de la empresa, nos encontramos ante un mix de conceptos de empresario que pasaría por Knight, Galbraith y Kizner.
¿A cuál de estos empresarios se refiere el Presidente? ¿Qué tipo de empresarios tenemos en España? ¿Todos se merecen una ayuda por contratar trabajadores? ¿Todos deben ser considerados emprendedores? En la siguiente entrada se reflexionará sobre estas cuestiones, de forma crítica. Avanzo que el problema en España no está en los trabajadores, se debería prestar atención al grave problema que tenemos con la mentalidad empresarial.

lunes, 6 de febrero de 2012

REPUTACIÓN CORPORATIVA Y RSC


Algunas veces me han planteado este par de cuestiones: ¿Es lo mismo RSC y reputación corporativa? ¿Cúal de los dos conceptos es más importante?
Empecemos por el principio, qué es lo que se entiende por cada uno de estos conceptos. Entendemos la RSC como la integración voluntaria tanto en las operaciones como en los objetivos de la empresa, de criterios, sociales y medioambientales, en su relación con los grupos de interés. Según el fRC, la Reputación Corporativa (RC) se define como “el conjunto de percepciones que tienen sobre la empresa los diversos grupos de interés con los que se relaciona, tanto internos como externos”. Analizando las definiciones, observamos como ambos conceptos se refieren a relaciones de la empresa con sus stakeholders. Se puede considerar que una empresa que desee ser socialmente responsable como un principio de un proceso de legitimación que puede influir en la reputación de la empresa. Si utilizamos una analogía, la RSC sería como la renta y la RC sería la riqueza, parece lógico que obtener renta sea una condición para tener riqueza, al menos una de las formas. Este último ejemplo recoge una diferencia, la RSC es una variable flujo, que se puede adaptar por parte de la empresa en cada momento; en cambio la RC se considera una variable stock, la influencia de la empresa sobre ella es limitada, puesto que se construye a lo largo del tiempo y de sus diferentes actuaciones. La empresa puede ajustar la intensidad de la relación con sus stakeholders adaptándose a las expectativas cambiantes de los mismos. La RC será una variable más atemporal, que englobaría a las diferentes definiciones de RSC que van cambiando con el tiempo. Si nos fijamos en las definiciones anteriores, observamos como la RC se encuentra en la mente de los stakehoders, mientras que la RSC se encontraría en la misma organización. Por todo, podríamos pensar que la RSC queda recogida dentro del concepto de RC. Esto sería cierto de algún modo, en unos momentos iniciales de implantación de la RSC en la firma. En fases más avanzadas de implantación de este modelo de gestión, la gestión de la RSC se debe basar en un plan estratégico (alejándonos de la simple donación) de mejora y afianzamiento de la reputación conseguida hasta el momento. Estas políticas se deben complementar con certificaciones que acrediten antes nuestros stakeholders el cumplimiento de los compromisos, junto con un plan de gestión de situaciones de crisis. SI además, se comunican los logros conseguidos adecuadamente a nuestros grupos de interés, estaremos creando una imagen mental de los valores de nuestra empresa que hará que la reputación obtenida sea sostenible en el tiempo. Una gestión estratégica e integral de la RSC se confunde con la gestión de la RC, puesto que va a influir en todos los ámbitos que afectan a la reputación.
Para concluir, podemos afirmar que aunque conceptualmente se diferencian, una gestión de la RSC integral dentro de la empresa va a conllevar una mejora de la reputación de la corporación, que además se podrá considerar fuerte ante contratiempos y sostenible en el tiempo.