sábado, 26 de mayo de 2012

TRANSPARENCIA SÓLO HAY UNA.



Imaginemos un proceso que consistiera en que cada año las personas, en un acto de transparencia, nos presentáramos ante un respetable, e hiciésemos un análisis de nuestros actos, tanto buenos como malos, que durante el año hemos realizado. Nos encontraríamos con dos grupos diferentes (al menos):

- Personas que han actuado lo mejor que han podido y presentan sus resultados, tanto buenos como malos, y además en relación a unos objetivos marcados anteriormente. El proceso serviría para modificar comportamientos o también, por qué no, objetivos. las personas resultantes serían mejores.

- Personas que no se creen el proceso y que presentan una información sesgada, adornada, construyendo maravillosas historias para cumplir unos objetivos realmente ambiciosos. En la mayor parte de los casos, no vienen ellas mismas al acto, envían a un relaciones públicas en su nombre. La utilidad en este grupo radica en el simple paso de un trámite anual, al que le puedo sacar algo positivo para mí. Las personas resultantes no ha sufrido ningún cambio, por lo menos a positivo.

¿En qué grupo te situarías tú? ¿En cuál preferirías que se situaran los demás?
Espero que la respuesta sea "el primer grupo", porque estábamos hablando de un acto de transparencia, y TRANSPARENCIA SÓLO HAY UNA.

jueves, 17 de mayo de 2012

LAS EMPRESAS NO TIENEN PORQUE SER BUENAS


No creo en la bondad de las empresas. No se crearon para eso.  Friedman (1970) ya señalaba que la única responsabilidad de la empresa era la obtención de beneficios para sus inversores. Me puede parecer bien o mal lo que este señor decía, pero lo que es cierto es que las reglas del juego están para cumplirse.
Las empresas pueden buscar sobrevivir en el mercado y para ello van a buscar la complacencia de consumidores, sector público, inversores, etc. Es sólo eso  lo que busca una empresa cuando invierte en RSC. Es sólo eso lo que se pretende al COMUNICAR sus políticas de RSC en informes eternos que hablan de lo buena que es. Es la famosa Teoría de la Legitimidad. Y a mi me parece una maravilla, para eso están.
Las empresas han capturado la definición de sostenibilidad (o desarrollo sostenible)[1] y para ellas, en su forma de verlo, son sostenibles[2]. Alguien podrá pensar, más vale eso que nada. Que nadie las obliga a gastar dinero en esas cosas. Volvemos al origen, las empresas están para ganar dinero.
No me gusta cuando se habla que las empresas mediante sus políticas de RSE generan Valor Compartido. Aunque puede ser cierto, me pregunto: ¿Y es suficiente? ¿Es lo que se busca?
Recordemos la famosa definición de desarrollo sostenible del Informe Brundtland en el 1987: “Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades[3].  
Es por esto que a las empresas se les exige responsabilidad, no lo olvidemos. Están utilizando unos recursos que nos pertenecen a todos (nosotros y siguientes generaciones), y nosotros les debemos exigir el uso responsable de los mismos. Las empresas no tienen obligación sólo con sus stakeholders (limita mucho la obligación y la lleva a un terreno de su interés). La tienen con toda la sociedad.
Si creemos en la Democracia, debemos creer en el poder del pueblo en su conjunto. Es a nosotros, como pueblo, a quienes nos tienen que rendir cuentas (Accountability) las empresas. No podemos pensar que las empresas nos hacen un favor cuando invierten en RSE, es su obligación  MORAL.  
Con todo, las empresas hacen su papel. Si nosotros no exigimos, por qué van a hacer más. Si están cómodas y nosotros lo aceptamos, pues ya les va bien. Quiero decir que las empresas no pueden ser culpables de jugar mejor a un juego en el que nosotros les damos ventajas. Somos nosotros los que deberíamos jugar bien, cambiar algunas cosas o cambiar de juego.
A todos nos gusta ganar. ¿O no?


[1] Sostenibilidad es un estado y Desarrollo Sostenible es un proceso. Aunque se suelen utilizar indistintamente.
[2] Es como el alumno que estudia y suspende, para él, es el profesor que le tiene manía porque ha estudiado un montón. O quizás, no estudió lo suficiente.
[3] La definición tiene varias lagunas, que no entro a valorar. Aunque como una versión suave de desarrollo sostenible, puede valer.

lunes, 7 de mayo de 2012

SOSTENIBILIDAD DE MIEDO


El Informe Bruntland de 1987, fruto de los trabajos de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas, definía el desarrollo sostenible como “aquel que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro en satisfacer las suyas”.  
Podemos criticar esta definición por varios aspectos (muy laxa, antropocentrista, no tiene en cuenta la sostenibilidad entre sociedades). Aunque nunca me podía creer que me iba a asustar tanto la palabra “sostenible” en boca de unos políticos.
Ejemplo de lo que digo es la Reforma Laboral, en la que se habla de la “insostenibilidad del modelo laboral español”. También, las medidas para hacer del Sistema Sanitario “Sostenible” o el Estado de Bienestar “sostenible”, la RTVE más “sostenible” (Información sobre la Medidas).
Según el Gobierno, las medidas se toman para que las generaciones futuras no paguen las consecuencias de los “excesos de hoy”.   Estaremos todos de acuerdo, que nuestros hijos, nietos no deben pagar fiestas y abusos de sus antepasados.¿ Y si analizamos el mensaje que se nos traslada en conjunto con las medidas tomadas?
Si reformamos el mercado laboral y lo hacemos más barato (otros prefieren llamarlo flexible) ¿en qué sentido es o será más sostenible este mercado? Con sinceridad, no encuentro un uso adecuado de “sostenibilidad” en este contexto.
Se recortan gastos en Sanidad (otros los llaman ahorro, evitar duplicidades, ser más eficientes) para hacer un Sistema Nacional de Salud (SNS) más sostenible. Que nuestros descendientes disfruten de la misma sanidad que nosotros. Para ello, lo que se hace es empeorar la nuestra, para que el día de mañana puedan disfrutar de una sanidad mala. Muy inteligente.
Se elabora un Decreto-Ley para ahorrar en gastos, en principio, innecesarios para hacer del Estado del Bienestar algo “sostenible”. Para ello, reducimos en Educación, en Mantenimiento de Carreteras y privatizamos lo que nos quedaba.  Que sentido tiene que no gastemos dinero en el mantenimiento o conservación de la Red de Carreteras, nos va tocar arreglarlas igual (la propuesta es poner peajes, aunque no cuadra muy bien en la filosofía de nuestro sistema fiscal). Si no las arreglamos, nuestros descendientes disfrutarán de unas carreteras peores, que comprometerá su posibilidad de desarrollo. Si privatizamos Servicios Públicos, obtenemos dinero, que nos gastamos hoy y que las generaciones futuras, ¿disfrutarán?
El sistema educativo, quitar recursos a un sistema, que necesita más dinero, es sentenciarlo a muerte. No quiero extenderme en este punto, pues daría para otra entrada. Aunque tampoco le veremos ningún aspecto positivo a esta “sostenibilidad”.
Se podrían buscar otras excusas, palabras o motivos que justifiquen las medidas, porque la SOSTENIBILIDAD no cuadra bien, incluso chirría. No sé, “conponderación”, “ajuste temporal”, “medidas de estímulo al ahorro de gastos”, o bien, RECORTES.
Si queremos mantener la SOSTENIBILIDAD DEL ESTADO DE BIENESTAR, sólo debemos obtener ingresos (tributos) para sufragarlos, de forma PROGRESIVA, quien más tiene más paga, y además más porcentaje. Podemos cobrar impuestos de aquellas personas que dicen querer a su patria, pero no pagan impuestos en ella, los que los sacan y no pagan en ningún lugar, o de aquellos que pagan muy poco para lo que disfrutan. Si, además, estimulamos la economía, no sé, arreglando carreteras, igual
                                NUESTRO ESTADO DEL BEINESTAR SERÍA “SOSTENIBLE”